Un periodista destapa el negocio detrás de los «Tour Operator» de los migrantes africanos que llegan a Europa

Tal como ha publicado el periodista Andros Lozano para el medio digital EL ESPAÑOL, numerosos subsaharianos que llegan a España a través del Estrecho vuelan antes a la ciudad marroquí más poblada del país para evitar «el infierno de cruzar el Sáhara». Luego, por carretera, llegan al norte para lanzarse al mar y tratar de alcanzar la costa de Cádiz. Desde principios de año, entre siete y ocho de cada diez usan esta ruta alternativa. EL ESPAÑOL viaja hasta Casablanca para contar este nuevo fenómeno migratorio. «No quiero pasar por lo mismo que mis hermanos», dice Jimmy recién aterrizado de Mali.

El chico -alto, robusto, con cuerpo de jugador de la NBA- cruza la puerta de salida de la Terminal 1 del aeropuerto internacional de Casablanca con la mirada nerviosa, confusa, como sin saber qué le espera en tierra marroquí. Ha llegado en el vuelo de la compañía estatal Royal Air Maroc procedente de Bamako, la capital de Mali. El pasaje le ha costado 300 euros. Apenas lleva equipaje. En su espalda tan sólo carga con una pequeña mochila marrón. Sobre su negra piel viste un chándal descolorido con el escudo del Manchester United en el pantalón.

Al dar cinco o seis pasos fuera de la terminal, alguien le llama. La persona que sabe su nombre está situada a su derecha, tras la hilera de vallas metálicas desde donde la gente espera la llegada de los viajeros de los últimos vuelos. Cuando el periodista se acerca al inmigrante, el chico dice que se llama Jimmy. Tiene 23 años y es de Mali. “Quiero ir a Tánger, sí. Y subirme a una patera para llegar a España. ¿Puedes hacer algo por mí?”.

La persona que ha dado una voz a Jimmy se llama Pambou. Es senegalés, tiene 27 años. Llegó hace unos días a Casablanca. Él y Jimmy no se conocen de nada. Hasta el momento, sólo habían hablado antes por teléfono y se habían intercambiado por móvil algunas fotos para reconocerse cuando se vieran. Un amigo en común que ahora está en Francia los puso en contacto cuando Jimmy decidió comprar su vuelo a Casablanca. “Allí te esperará Pambou”, le dijo. “Como tú, también quiere cruzar el Estrecho. Si queréis, podéis hacer juntos lo que resta de camino”, explica Jimmy.

Es martes. Durante la jornada siguiente, un periodista y un fotógrafo de EL ESPAÑOL vuelven a ser testigos de cómo, en un solo día, decenas de inmigrantes de países del África subsahariana vuelan directamente hasta Casablanca previo paso a su salto a Europa. Llegan en apenas unas horas de vuelo desde Senegal, Mauritania, Guinea Conakry, Sierra Leona, Gambia… En casi el 100% de los casos, aterrizan en vuelos operados por Royal Air Maroc, la compañía estatal del reino de Mohamed VI.

De este modo, una gran cantidad de inmigrantes -a los que se lo permite su economía- está evitando la ruta hasta ahora tradicional: la de llegar a Marruecos a través de la frontera con Argelia cruzando el desierto del Sáhara en un sufrido viaje por varios países que les suele llevar meses y en algunos casos conduce a la muerte.

Tras llegar a Casablanca, los subsaharianos recorren luego en taxi, tren, autobús o mediante los coches que les ofrecen las mafias los 338 kilómetros de carretera que les separan de Tánger, desde donde los días claros se divisa la costa de Cádiz.

Las autoridades policiales españolas han notado durante los últimos dos años un cambio en la ruta empleada hasta ahora por los inmigrantes que llegan a Cádiz tras ser rescatados por Salvamento Marítimo en aguas del Estrecho. Una vez se traslada a los subsaharianos a los puertos de Tarifa, Barbate o Algeciras, se les realiza una pequeña entrevista. Desde hace meses, centenares de ellos cuentan que en su viaje no han cruzado el Sáhara, como solía suceder hasta hace poco. En cambio, explican que han volado a Casablanca para, después, hacer el viaje por carretera hasta Tánger y subirse en una patera o en una toy de plástico.

Tras conocer este hecho, EL ESPAÑOL viaja hasta Casablanca para poner de relieve un fenómeno hasta el momento desconocido ya que antes eran muy pocos los que usaban esta vía alternativa.

Las fuentes consultadas explican al periodista que, en la actualidad, entre siete y ocho de cada diez inmigrantes que llegan a las costas de Cádiz -no a las de Almería, a donde suelen arribar marroquíes y argelinos- lo hacen tras haber viajado en avión hasta Casablanca. Es decir, cada vez son más los que se saltan “el infierno del Sáhara y de las mafias”, explica Helena Maleno, activista de la ONG Caminando Fronteras y afincada en Tánger. “Desde hace años hay gente que viaja en avión, aunque sí es posible que se haya incrementado en los últimos tiempos”, añade.

Este fenómeno se ha acentuado en el último año, aunque según cuentan a EL ESPAÑOL las fuentes policiales, se ha intensificado “mucho más” desde principios de 2018, cuando la cifra de llegadas de inmigrantes a las costas de Cádiz se ha vuelto a disparar.

En 2017, de acuerdo a los registros de Cruz Roja, 6.017 inmigrantes llegaron a puertos como el de Tarifa o Barbate. 2.099 de ellos procedían de países al sur del Sáhara, como Senegal, Mali, Sierra Leona, Gambia o Camerún. En los primeros seis meses de este año (1 de enero- 31 de junio), han sido 6.369, de los que 3.230 eran subsaharianos. Si entre el 70 y 80% lo han hecho por vía aérea, en torno a 2.500 de ellos han recurrido a la ‘vía Casablanca’ desde comienzos de este 2018.

Según las cifras aportadas por Cruz Roja, sólo a Cádiz ya han llegado en los últimos seis meses 1.131 inmigrantes más que en todo 2017 procedentes de países al sur del Sáhara, lo que podría estar asociado al repunte de subsaharianos que vuelan a la ciudad marroquí mejor conectada con el resto de países de África.

En la actualidad, Casablanca es la única gran ciudad marroquí unida por vuelos directos diarios con las capitales de los principales países emisores de inmigrantes que luego llegan a Europa a través de España. “Marruecos se está abriendo al África subsahariana”, explica la experta en migraciones Helena Maleno. “Está hablando de libertad de circulación de personas en todo el continente, de la creación de una moneda única… Es Europa quien no quiere hablar de ello ni que esa política se extienda entre sus aliados africanos”, añade.

Esa apertura política de Marruecosse extiende a su vinculación aérea con la mayoría de países del oeste y del centro de África. Y su compañía nacional, Royal Air Maroc, forma parte de su nueva posición internacional como gran ‘tour operador’ de la inmigración, aunque ello implique una ruta alternativa para llegar a Europa.

Desde Nuakchott (Mauritania) parten dos aviones diarios con destino a Casablanca de la compañía Mauritania Airlines y un tercero de la Royal Air Maroc. El precio del pasaje oscila entre los 260 euros sin escala y los 325 con parada en Nuadibú. El vuelo apenas dura 2 horas y 50 minutos.

Desde Bamako, la capital maliense -desde donde llega Jimmy-parten dos aviones al día con destino a Casablanca. El billete ronda los 450 euros. También lo opera Royal Air Maroc. Al igual que los hasta tres vuelos diarios desde Dakar (Senegal), el de Bissau (Guinea Bissau) o el de Banjul (Gambia). O como el avión que parte los martes, los sábados y los domingos desde Freetown (Sierra Leona) con destino a la ciudad más poblada de Marruecos, con tres millones de habitantes. Ese vuelo también lleva el logo de la aerolínea de titularidad marroquí.

Al pisar Marruecos, lo primero que hace Jimmy es comprar una tarjeta de teléfono del país. Se la vende uno de los marroquíes que trapichean a las puertas de las dos terminales del aeropuerto de Casablanca -la tercera está destinada a mercancías-.

Esta noche, Jimmy dormirá en la casa de Pambou junto a más inmigrantes. Ambos chicos cuentan que en unos días quieren subirse a un tren o un autobús con destino a Tánger. También tienen la opción de marchar en taxi por unos 50 euros por persona o en los coches que les facilitan las mafias locales por 70 euros. “Aún no lo tenemos decidido. Vamos a ir un grupo hacia allá. Ahora que ya está aquí Jimmy -dice Pambou- veremos lo que hacer”.

Jimmy se siente un afortunado aunque todavía le queda una parte de su viaje hacia Europa. “Sueño con llegar a España”, dice, “en mi país no hay futuro”. Jimmy ha dejado a su familia en Mali. Sus padres y sus hermanos le han ayudado a ahorrar el dinero del vuelo (300 euros).

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