Urkullu, un Lehendakari sin conciencia al frente de un sistema político y económico en descomposición

URKULLU, UN LEHENDAKARI SIN CONCIENCIA AL FRENTE DE UN SISTEMA POLÍTICO Y ECONÓMICO EN DESCOMPOSICIÓN

El Gobierno Vasco solicita a Pedro Sánchez la prórroga del estado de Alarma con posterioridad al próximo 9 de mayo, advirtiendo que de no hacerse así, podría producirse una situación caótica en el escenario pandémico. Independientemente del estado de cosas en la gestión del Covid-19 (que ya sabemos que nunca fue muy buena), este tipo de declaraciones ponen de manifiesto hasta qué punto el interés de la clase política se ha vuelto divergente de las necesidades reales de la ciudadanía. Al mandatario no le preocupan ya la crisis económica, ni la pérdida de libertades, ni los bares cerrados, ni el toque de queda, ni los perjuicios de salud que puedan derivarse del uso continuado de mascarillas, los confinamientos y las restricciones de movilidad. Eso siempre ha estado claro desde un principio.

Que además, le importe un BLEDO, es sin embargo algo nuevo. En voz bien alta, el lehendakari está diciendo que se le dan una higa los intereses legítimos de la ciudadanía vasca. Que por no complicar la cómoda rutina de sus funcionarios y los privilegios de sus políticos, aquí todo el mundo debe fastidiarse. Que la prioridad son los bien pagados puestos de la clase política y los bueyes funcionariales que pastan en los pesebres climatizados de Lakua. Ni una palabra de empatía y comprensión hacia los sufrimientos del pueblo. Como si la gente de estas tierras ni siquiera existiese. Nada.

Con ello, el Lehendakari vuelve a poner en solfa un estilo de tratar a la gente que le paga el sueldo que es el mismo que hace siglos tenían los jauntxos de la Edad Media en la relación habitual con los criados y los trabajadores de sus baserris. Entonces el populacho vasco era un cero a la izquierda, pese a todo aquel teatro de la hidalguía universal. Y hoy sigue siendo un cero a la izquierda, pese a hechos diferenciales, lábels de calidad y los autopremios de calidad de vida. ¿Es esto la tan cacareada democracia vasca? ¿Veremos algún día a Andoni Ortúzar entrar a caballo por la puerta de la sede del PNV en Sabin Etxea, como el indómito Don Lope García de Salazar en su caserío torre de Muñatones? Si el burukide alfa del Partido y su fiel escudero Aitor Esteban se disfrazaron de indios durante unos carnavales, todo es posible.

Entretanto, los bares de Bilbao vuelven a estar cerrados. Y yo me digo, si en Euskadi queda algo de dignidad, debería adoptarse el compromiso, por parte de todo el sector de la hostelería vasca, de que en el futuro nadie le vuelva a servir un bizkaiko txakolina ni un café a ninguno de los burócratas y politicastros de barrio que pueblan ese infame comité «técnico» al que llaman LABI. Reservado el derecho de admisión. Por lo demás, sin novedad en el frente. Kides de boina metida a rosca: continuad disfrutando de lo votado.

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